Celaya, Guanajuato. En el bullicioso corazón de Celaya, un rincón se destaca no solo por sus sabores, sino por la historia que encierran sus recetas. Buñuelos y Atole "Lupita" es más que un simple puesto de comida; es un legado familiar que lleva casi setenta años deleitando a los residentes y visitantes por igual. La historia de este icónico establecimiento se remonta a su fundadora, María de Jesús Jaime, una abuela oriunda de Salvatierra, cuyas tradiciones perduran en el paladar de los celayenses.
Una Tradición Familiar
Elvia García, quien junto a su hermana conforma la tercera generación al frente de este negocio, relata con orgullo el origen del mismo. "El negocio lo inició mi abuelita, y sin mentirte, son casi 70 años. Ellas empezaron en un pasillo que llevaba hacia la bola del agua", comenta. Elvia recuerda que al principio contaban con tres bancas y una mesa, iluminadas por lámparas de petróleo, lo cual refleja no solo la creatividad de su familia, sino también su perseverancia y dedicación.
"Para ese entonces, se alumbraban con aparatos que estaban hechos de bote y llevaban petróleo. Esa era nuestra luz", añade Elvia, evocando una época donde lo que ahora parece un negocio floreciente comenzó como un pequeño esfuerzo en familia.
La llegada de un puesto fijo en 2012 fue un punto de inflexión para la familia García, permitiéndoles resguardar su producto ante las inclemencias del tiempo. Sin embargo, el verdadero secreto de su éxito radica en la receta del buñuelo, que ha sido cuidadosamente guardada y perfeccionada a lo largo de los años.
El Secreto del Sabor
Aunque la preparación exacta del buñuelo es un secreto que Elvia se niega a revelar del todo, sí comparte un aspecto importante: el sabor inigualable del buñuelo se complementa con el atole blanco. Este, según Elvia, ayuda a equilibrar el dulzor del buñuelo, que se puede pedir desde suave hasta “acaramelado”, bañado en una miel de piloncillo que incluye canela y guayaba.
"El atole blanco es para minimizar los dulces del buñuelo," explica, ilustrando su maestría en el arte de ofrecer una experiencia culinaria equilibrada.
Un Emblema Celayense
La importancia de probar los buñuelos de Lupita al visitar Celaya es tal que se ha establecido un dicho popular: “El que viene a Celaya y no prueba los buñuelos… Nunca vino a Celaya”. En un mercado que solía albergar a 17 "buñueleras", hoy solo quedan seis, entre las que se encuentra la familia de Elvia, quienes continúan con la tradición que no solo alimenta a su familia, sino que también perpetúa un legado cultural en la región.
María Guadalupe “Lupita” Villalobos Jaime, la matriarca, ha sido un pilar en la conservación de esta rica tradición. La familia se mantiene firme en su compromiso de ofrecer los sabores característicos de su herencia culinaria, asegurando que generaciones futuras también puedan disfrutar de la irresistible dulzura de estos buñuelos.
Un Futuro Prometedor
Mientras el tiempo avanza, la familia García sigue cultivando su pasión por el gastronomía local. Su historia de resiliencia y arraigo continúa inspirando a la comunidad, así como a aquellos que visitan Celaya en busca de una experiencia auténtica.
Como se puede ver, Buñuelos y Atole “Lupita” no es solo un lugar para disfrutar de un delicioso postre; es un viaje a través de la historia, un homenaje a la familia y una celebración de la cultura mexicana. La próxima vez que te encuentres en Celaya, no olvides sumergirte en este legado que combina tradición y sabor, porque realmente, como bien dicen, “nunca viniste a Celaya” si no has probado sus famosos buñuelos.